
Por qué no viene antes el suelo
luego el desengaño
más tarde la mentira
después la sospecha
la hora, el minuto, el segundo
que pasa de largo
ese “no entiendo nada”
ese “por qué” sin respuesta
el plan de futuro truncado
las carcajadas de llanto
el hastiado “te lo dije”
que todo lo acecha.
Por qué no viene primero
el ronco rugido del adiós
la sonrisa desganada
el domingo de inercia
el final del camino
el as sin la manga
la pata que cojea
el olvido, la muerte
la suerte despistada
la vejez prematura
el “estoy muy jodido”
y la carta devuelta.
Por qué no termina este cuento
en la sala de un cine
metiéndote mano
llamando a mi puerta
quemando los jardines
que vestían la casa
que aún no tenemos
viviendo en el coche
sorteando las cuestas
inventándonos sueños
de sexo imposible
y bolas y risas y cuerdas.
Temblando de miedo
al dejarte marchar
y sentir que te quedas
fingir que no espero
que ese “cómo estás”
no te suplica un beso
y mirarte de reojo
y explorarte las venas
y salvar el mundo
y burlar las tinieblas
y que termine todo en un “hola”
… y que el final sea una fiesta.
2 reflexiones:
Sivámonos de los heterodoxos para comentar este hermoso poema que nos brindas, apuntemos que no debemos preguntar al tiempo, pues se dota de una irreversibilidad que disfraza su, en opinión de los viejos y sabios griegos, circularidad con una linealidad que establece cómputos, fases, cifras, antes y después, ahora y luego. Primero o segundo, al principio o al final, ya somos sabios en ciertos aspectos de la vida, y no podemos evitar la interrogación que titula el poema, pero sabemos la respuesta, y quizás por ello, no dejamos de plantear la pregunta.
Ojalá pudiera reformularse todo tan fácil como en un poema... Me temo que no es posible, pero al menos nos queda este reducto de libertad, de caos, de sueños y de antojos.
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